Narcisismo
La imagen clásica que tenemos cuando hablamos de narcisismo es la de una persona completamente egocéntrica, que se ama "demasiado" (decimos), que tiene un auto-sentido y una auto-imagen inflada, de alguien que persigue sin piedad sus necesidades, sin importarle el de enfrente. Sin embargo, el narcisista tiene tanto miedo a ser descubierto, a que su vergonzosa experiencia de sí mismo quede expuesta a la luz, que protege lo que es (lo que se cuenta que es y que debe ser oculto) viviendo subjetivamente de imágenes, especialmente de imágenes de grandiosidad. Paradójicamente le importa demasiado el de enfrente, el entorno, tanto que termina extraviado en la mirada que viene de fuera, en la necesidad de recibir de esa mirada, aceptación y admiración.
El sí mismo se despliega en el campo organismo/entorno, esta centrado en el encuentro entre el sí mismo y los otros. El narcisismo deja trunco esté encuentro y entonces no queda más que inflarse de más para no desaparecer, para no sentir que uno puede ser por completo ignorado, borrado, pasado de largo; y sin embargo es este mismo intento el que al final lo deja sólo, "genial" pero por completo solo. Entonces parece que desprecia al mundo cuando en realidad añora ser por un instante al menos parte de ese mundo, importante para ese mundo, querido por ese mundo. Su gran tragedia es que depende por completo del mundo que dice despreciar, de esas "bobas" miradas que no están a su altura, de esos "pobres tontos" con quienes añora encontrarse, vincularse. Su gran paradoja es que necesita quitarse el disfraz, desnudarse por completo, dejar a la luz su propia torpeza para entonces empezar a sanar, para entonces aprender a mirar dentro, para correr el riesgo justamente, de empezar mirarse.
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