
Se fue un año y de la manita, como siempre, llegó el nuevo, el que no sabemos, el que ya se escribe y aún no devela sus letras, el que se dibuja con formas de mañana. Llego y me tomo dos veces por sorpresa trepada en un avión, dos veces por eso del tiempo que es una cosa rara, un poco absurda pienso a ratos, un poco cierta. El año viejo (se acaba de ir y ya es viejo, por eso digo del tiempo que es extraño) me dejo de todo, pero al final resultó de los que nos marcan, de los que no se olvidan, de los que nos crecen, nos obligan a ser y a hacer, a plantarnos de cara a la vida y echar a andar, a dejar de lado las cobardías. Hubo miedo, dolor hondo, coraje, amor, crecimiento, abundancia, carencia, accidentes, sin sentidos, muerte, nacimientos, amigos, decisiones, pérdidas, fiestas, intimidad, re-encuentros y desencuentros, confusión y certezas...pero sobre todo, el año viejo me hizo grande, si, creo que a eso se resume este tiempo que se fue, y cuando digo grande no me refiero a los años (que al final no son tantos) ni a la estatura (definitivamente no crecí ni un centímetro y empiezo a perder la esperanza) sino a una sensación nueva, como de mayor certeza de ser quien soy, si, como si de pronto mi nombre tuviera forma, mi forma. Me hice grande porque me hice yo, con todo lo terrible y lo maravilloso que es ser quien soy. Me hice grande porque deje de pelear conmigo o contra mi y acepte ser la que soy. No hay entonces propósitos para el año que es nuevo porque dicen que empieza hoy. No comí uvas, no brinde, no cene con amigos ni familia... en cambio volé (como nunca había volado, sin duda fue un vuelo diferente) de un país a otro, de un mundo a otro, de un año a otro, volé al lado de ese con quien hago la vida, y volando (extraviada en el tiempo) sentí por primera vez una confianza y una entrega absoluta a lo que sea que este año traiga para mi. Tomo entonces lo que con la vida venga... hoy no quiero pedir, no quiero planear, no quiero hacer propósitos, no quiero más que empezar a vivir intensamente lo que cada día toque vivir y acompañar en este andar a los que amo, a los que me dan sentido, a los que me han acompañado a re-encontrarme con mi nombre.
2 comentarios:
Mi querida Marciana:
Ya eras grande (ni de edad ni de estatura, cierto). Cada vez que estoy frente a tí puedo mirar tu grandeza, desde el primer momento en que te cruzaste por mi camino, hasta estos momentos en los que te has convertido en alguien tan importante en mi vida.
Eras grande, y hoy puedes mirarte al espejo y saberlo. Celebro tanto que así sea, celebro que todo tu nombre tenga tu forma.
Y junto a tí quiero estar también abierta a lo que venga, a no pedir, a estar lista y darle la bienvenida a lo que pueda venir.
Quiero acompañarte en el andar, en el desandar, en el escribir en el aire, en el agua, en un papel, con mayúsculas, tu nombre.
Te quiero.
Me da tanto gusto leerte, tengo una sentimiento de optimismo que hace mucho no sentía. Te leo tranquila, no sé si así estés en este momento (yo creo que al menos cansada por el viaje) pero te imagino sonriendo. ¿Es así? Porque yo sí..te mando un abrazo fuerte y lleno de todo mi cariño. Te extraño.
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