jueves, 12 de abril de 2012

Se nos murieron los viejos

Dos años han pasado, dos años secuestrada por el silencio. Los perpetradores fueron quizá el tiempo, la noche o la nada. La indiferencia o la prisa, el agotamiento. No lo sé pero han pasado dos años y dos muertos. Son ellos los que me traen de vuelta.
Se fueron los viejos y toca despedirlos, permitir que el viento y los días, el olvido y la muerte hagan lo suyo. La familia quedo huérfana y como huérfana tiene que empezar a buscar y andar su propio camino, dibujar su historia. No más comidas por obligación o navidades tensas, no más desafortunados encuentros o desencuentros. No más reclamos mudos y discretos, agresiones pasivas o escandalosas y ofensivas...pero también, no más tribu. Se nos murió el clan con Juventino y Cristina, lo que sigue es decisión y no imposición, y quizá por ello asusta tanto. Toca elegir, toca aceptar y asumir la destrucción o construir. Eso es lo que pasa cuando los viejos se van y la familia queda huérfana.
Sé que no estaremos todos juntos, nunca más, o que si elegimos estarlo es que de verdad estamos todos locos, que somos una familia loca. Toca decidir con quien si, con quién no y hacer el esfuerzo de tejer historia, historia nueva o dejar que ella quede lejos, muy lejos, apenas como un manchón en la mejilla o una sangre parecida. Adiós pues viejos, adiós tribu, adiós y gracias por traerme de vuelta las letras.

sábado, 30 de octubre de 2010

sábado, 3 de julio de 2010

Tiempos de retiro...

Hay que aprender a hablar, aprender a decir en pocas líneas y pocas letras. Son estos tiempos, tiempos de palabras cortas,  de imágenes que vuelan, de formas nuevas y rápidas, inmediatas; son tiempos estos de frases cortas, de miradas rápidas y de encuentros que duran nada. Hay que aprender a decir rápido y corto, a andar con maquinitas de mano diciendo pronto. Son estos tiempos, tiempos de despedida entonces, tiempos míos para decir adiós y retirarme: y es que no soy ni de pocas líneas ni de pocas letras, no sé de palabras cortas ni de imágenes que vuelan, mucho menos de maquinitas y decires prontos o inmediatos. Soy de esos que se toman tiempo, su tiempo, el tiempo para decir incluso nada. Lo mío, lo mío son los rollos; lo mío, lo mío es la correspondencia (si, de esa que viene y va y se toma su tiempo en este va y ven) Lo mío, lo mío es el encuentro lento, el que toma tiempo; lo mío, lo mío son otros tiempos y en otro tiempo. Toca entonces decir adiós y asumir los tiempos o la renuncia a esos que no son mis tiempos.

Gracias siempre y hasta luego.