
A veces ocurre que la luz quema, nubla la mirada, nos hace parpadear y en un parpadeo uno puede caer, atropellar, o perder un instante, EL instante. A veces ocurre que la sombra borra, debilita y marchita la piel. La luz es bella porque abraza y alimenta, la sombra protege y cobija... pero en ambas quedamos siempre expuestos al destierro. El arte está entonces en hallar el punto medio, encontrar el sitio justo o saber moverse a tiempo de uno a otro extremo.




