Desde que recuerdo he buscado con ansias por entre la vida, aquello que me de peso, que me arraigue, que me baje de las nubes o me arrebate esta terrible sensación de "ligereza" o sin sentido que quizá mi paso vacilante, mis piernas poco firmes o mi cuerpo tan pequeño le han imprimido a mi estar en el mundo. He buscado hacerme pesada, adquirir "seriedad" (en un sentido profundo que nada tiene que ver con la presencia o ausencia de una sonrisa o de un chiste bien contado)... he buscado con urgencia peso, un peso que me mantenga en la vida, con vida. Me he llenado de responsabilidades en ese afán. He cuidado a muchos y he luchado con fuerza por mucho. He aprendido a mirar más allá de la "urgente" necesidad que dicta mi ombligo, de mi deseo o de mi pequeño drama personal. He pensado en las mil y una causas justas por las que valdría la pena dar la vida, mi vida. He amado y amo intensamente, entregándome al amor y a la vida aún por encima de los dictados suscritos en los manuales de "buenas costumbres". He sobrevivido al dolor físico y también al que viene de dentro, al que parte el alma. He desarrollado habilidades para escuchar, sostener y acompañar un sin fin de dolores y de ellos he aprendido que el dolor, sin importar sus causas, cuando duele: duele hondo, tan hondo que no hay forma de no prestarle oídos.
Alguien me dijo un día (y vaya que me calo la frase) que cuando una se rompe para dar vida, no vuelve a ser nunca más la misma. Yo nací rota y sin la posibilidad de dar vida, quizá por ello es que en medio de cada pequeña o gran fractura con la que me encuentro y en la posibilidad de recibir, acompañar, respetar y crecer del y con el dolor, de crecerme al dolor, es que encuentro el sentido.
Algunos dicen que soy densa, otros que cargo demasiado, otros piensan que me arriesgo de más, que me entrego de golpe o que mi desesperanza o desilusión de fondo les duele. Hay quien dice que exagero, que debería tomarme la vida y los días más a la ligera, que no puedo (o no debo) detenerme en cada lágrima que encuentro, en cada llanto callado que descubro, en cada herida que silenciada me grita, dicen que no puedo sostener el dolor del mundo. A ellos que tanto y tan fácil dicen yo les digo: es sólo que nací pequeña, flaca, de cuerpo frágil y paso vacilante, es sólo que necesito peso para quedarme en la tierra... y cuando uno vino rota: es de la herida de dónde surge la vida. Saber de cierto, mirar y andar desde ahí (aún en contra del andar del mundo) es al mismo tiempo mi bendición y mi maldición.
3 comentarios:
Sí Marcina, siento tu hondo dolor y sabes que?? a través de esas grietas, dejas pasar tu luz¡¡ Gracias por iluminarme con ésas ráfagas que salen de lo roto porque si no fuera así,tu luz se quedaría atrapada y no tendría la suerte de verla filtrarse...
Ay, amiga. Otra vez me dejas sin palabras. Tus letras llegan a lo más hondo de mi alma.
Desde que entraste a mi vida has sido una gran maestra, una maestra que me ha enseñado de dolor, de tolerancia, de fuerza, de ligereza, de pesos y de supervivencia.
Estoy segura de que has dado vida muchas veces, y entiendo que no en el sentido literal. A mí me has dado vida cada vez que me encuentro con tu mirada, cada vez que te has hecho mi cómplice, cada vez que me preguntas cómo estoy, cada vez que sabes de fechas y las recuerdas conmigo, cada vez que te has atrevido a soñar conmigo.
Yo no me atrevería a opinar si eres densa o arriesgada. Pero sé con certeza que te quiero tanto, y que agradezco profundamente esta tu historia, que te ha ayudado, especialmente en estos momentos, a acompañarme, a saber que duele, a enseñarme el camino para enfrentar el dolor y a mostrarme las fuerzas que se necesitan para vivir con el dolor. Me has ayudado a aprender que ese puede llenar de vida a tanta gente, con y a pesar del dolor.
Gracias, gracias, gracias, por tan hermosas lecciones que recibo de tí. Te quiero tanto.
Hoy te tengo muy presente, me regalaste una vez un florerito para que no olvidara que la vida está llena de detalles, te acuerdas? Pues le puse unas flores hermosas y lo puse al lado de mi cama y sabes cuál fué mi sensación? Que llenaste de vida mi vida! Son unas flores pequeñas y ligeras como tú, pero hermosas y discretas, como tú querida Marciana. Gracias por regalarme este florerito que hoy ilumina mi vida.
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