martes, 5 de agosto de 2008

Y de pronto ¡ZAZ!

Ocurre a veces que uno se pone a jugarle al valiente y a arriesgarse a andar de lleno en la vida. Ocurre que entonces decide hacer cosas "locas", es decir, distintas a las que uno está acostumbrado: hablar, mostrarse y hasta cerrar los ojos y caminar a ciegas, despacio, a tientas, confiando en la oscuridad y en el tacto, como si nuestras manos fuera sabias. En esos momentos uno camina lento para sentir hasta el viento y jugar a volar, a vibrar, a ser presa de la noche que fascina. Si, ocurre a ratos que uno se atreve a cerrar los ojos convencido de que el piso estará ahí para recibir cada paso y sostenerlo, que el mundo es seguro por conocido, que las cosas están ahí y así: justo como uno supone que están. Pasa entonces que hay un escalón de más o de menos, que la mesa no está en donde debería de estar o que alguien había movido apenas unos centímetros la vieja mecedora de madera, que hay una esquina que uno no calculo o que el piso no es tan liso y firme como uno esperaba, mucho menos cálido y acolchonado. Resulta entonces que la noche no abraza, que las cosas no son ni están como uno supone. Sin remedio uno se tropieza y cae de manera estrepitosa al suelo, y entonces parece tan sólo, tan chiquito, tan ridículo y absurdo tirado en el piso lamiéndose las heridas. En esos momentos uno desea ser tragado por la tierra, borrarse del mapa, desaparecer del mundo; pero como no hay forma de irse a ningún lado y no hay más remedio que seguir habitando este mundo que no suele ser nunca como uno supone o espera, no queda más opción que levantarse del suelo, sobarse, acomodar las cosas y mirar de vez en cuando la cicatriz que dejó la herida para recordar que andar a ciegas y confiado, cerrando los ojos y haciéndole al valiente: duele.

4 comentarios:

Salamandra dijo...

Duele mi Marciana y no encuentro a ratos otra manera de vivirla.. Caminar siempre con los ojos abiertos, me quita la magia de la vida.. Aunque con sus comentarios, trataré de ir con los ojos cerrados en lugares no tan peligrosos... Te quiero, qué manera la tuya de expresar¡

un otro dijo...

O puede ser la oportunidad, dolorosa eso si, de que alguien se acerque, alguien, un otro, y te sople en la herida y te busque una curita y te diga bajito..."Sana, sana, colita de rana..."

Claire dijo...

Me cansa ir todo el tiempo con los ojos tan abiertos, aún así me caigo mil veces y duele. Me invitas a intntar caminar de otra manera: no sé si con los ojos cerrados sea muy arriesgado, pero entre abiertos o medio cerrados...lo haré a ver qué pasa.

Hummingbird dijo...

Sí, duele, que si lo sabré.
Hace ya muchos meses decidí cerrar los ojos, abandonarme, soñar, confiar, andar "a tientas", hacerle a la valiente. Tomé el riesgo más grande de mi vida. Y de pronto "Zaz!", las cosas no estuvieron donde creí haberlas puesto, y el tropezón ha sido dolorosísimo.

Así que me encantaría acompañar tus esfuerzos por levantarte del suelo, sobarte como me has sobado tú en estas semanas, y mirar juntas nuestras cicatrices. Estoy segura de que esa es una forma en la que sabemos y podemos acompañarnos una a la otra.

Te quiero.