lunes, 4 de febrero de 2008

No sólo las paredes oyen...

Hay esquinas que hablan detrás del silencio, que guardan, esquinas que abrazan o que están manchadas de nostalgias, de momentos, de viejos instantes que fijados en el tiempo y en la banqueta se hacen vivos. Hay esquinas calladas que mudas lo dicen todo porque lo escucharon todo, esquinas que gritan lo que la prisa, los días y el movimiento cotidiano nos impide mirar. Esquinas a las que llegamos y parece inevitable detenerse porque en ellas el vacío se llena sorpresivamente de contenidos, de palabras, de imágenes, de sentimientos que sin saber de golpe exactamente de dónde es que vienen, nos invaden...y entonces uno no puede más que quedarse ahí por horas mirando pasar el ayer como si ocurriera de vuelta hoy. Si, hay esquinas que susurran instantes, hubieras, palabras rotas o confesiones. Algunas son sucias, otras andan vestidas como de fiesta con banquitas y jardineras coquetas, algunas son simples (esquinas X), otras guardan detrás una cafetería, una miscelanea o un puesto de tacos o de tamales; algunas cambian con el tiempo y otras permanecen igual, son esquinas abandonadas, y hay también las que son devoradas por grandes edificios modernos (esquinas industriales que podrían parecer hasta impersonales); están las que cuentan con un puesto de periódicos o uno de flores (esquinas con suerte)...las hay miles y distintas, pero todas, todas son esquinas mudas que lo saben todo, que lo han visto todo, que se vuelven sabios rincones y testigos. Esquinas que esconden el apasionado e irracional pleito de unos novios jóvenes o la tartamuda y torpe confesión de un amor, el inútil regaño de una madre cansada que finalmente explotó o la callada despedida de esos que han decidido no estar más. Esquinas marcadas por las ruedas de una, dos o tres carreolas o grabadas con las diminutas huellas de un niño dando sus primero pasos, de un perro que andaba por ahí o de un despistado que no se fijo que el cemento estaba fresco. Si, hay esquinas que lo saben todo, y como las paredes, no dicen nada... no pueden... han sido condenadas a ser testigos silenciosos de lo que en el camino ocurre. Esquinas que simplemente miran, callan, están y guardan como tesoro olvidado algunos de los momentos que hacen la vida antes de ser barridos por el tiempo y el olvido....de vez en cuando tengo la suerte de ser sorprendida y atrapada por alguna de mis esquinas ¿y tu?...

6 comentarios:

Ingrid dijo...

Esquinas cómplices que tienen una dualidad, tienen la capacidad de ver por fuera y por dentro, a la derecha y a la izquierda, hacia arriba y hacia abajo... Sí, sí me han sorprendido las esquinas, así como me soprenden tus letras y pintan una sonrisa en mi rostro. ¡Qué orgullo tan grande ser cómplice de ti!

Hummingbird dijo...

Me has hecho recordar una esquina, una especial de mi infancia y adolescencia. No sé si sea la más especial, o la que más recuerdos me traiga, pero sé que me mueve recordarla.

Es una esquina con un puestecito de tacos, cerca de casa de mis papás. El "Paisa" atendía ese puesto, y desde que era niña comíamos tacos ahí. Un puesto blanco, sin mucho chiste, el chiste lo hacían los comensales de pie, pidiendo sus tacos y refrescos. Pero lo especial para mí no era el puesto ni los comensales, sino que siempre íbamos ahí en familia, era un momento, de esos que recuerdo pocos, en el que sentía que los cuatro éramos cómplices, que jugábamos en el mismo equipo, que los cuatro "tapábamos" nuestra travesura de estar hambrientos y cometer una irresponsabilidad comiendo tanta "engordadera". Era un momento en el que nos conectábamos en una misma sintonía, y comíamos hasta decir basta.

Y después tuve un novio, alguien realmente especial para mí. Y resulta que un día me invitó a casa de sus amigos, y sus amigos vivían justamente en el edificio de ESA esquina. Así que en esa esquina nos besamos muchas veces, y nos juramos amor eterno, muchas veces.

Todavía a veces paso por ahí, y no puedo evitar sentir un dejo de nostalgia y añoranza por los viejos tiempos, por la camaradería entre mi familia, y por esos descubrimientos hermosos de un rico beso, y de la certeza de estar tan enamorada, que nada en el mundo puede ser más importante.

¿Y tú? ¿Tienes alguna "esquina especial"?

Hummingbird dijo...

Estoy segura de que tu mamá se conmoverá de saber todo lo que piensas de ella, y todo lo que te ha enseñado.
Dilo, escríbelo, susúrralo. Estoy segura de que tus palabras serán un hermoso abrazo para ambas.

Claire dijo...

Que hermoso leerte Marciana, no dejas de sorprenderme con tu mirada. Mirar las esquinas y todo lo que guardan! Recordé la típica frase de mi infancia cuando empezaba a salir sola a la calle y le decía a mi mamá "Ahorita vengo, voy a la esquina" y era mi mayor
aventura. También recordé que siempre me gustó sentarme en los salones de escuela "atrás y en la esquina" quizás porque me brindaban seguridad. Gracias por tu poesía de las esquinas...

un otro dijo...

Lo que escribes es muy hermoso. Y la mirada que descubre esa belleza simple lo es también.
Las esquinas deparan lo inesperado. Al dar la vuelta en una esquina te encuentras de frente con un Otro, con Nadie, con lo que sigue... con un hermano.

Cronopio dijo...

¡Esquina Bajan!