lunes, 10 de noviembre de 2008

Hace un poco mas de dos semanas salió a la venta la nueva novela de Hortensia Moreno, "Vida en peligro", una novela que en palabras de esta hermosa mujer "comenzó como una novela histórica y se fue convirtiendo en la historia de dos amigas", "al principio me interesaba -dice Hortensia- reconstruir la gran aventura de las mujeres en la conquista de la libertad y la igualdad. Ahora pienso que, si no tenemos amigas, la libertad y la igualdad no son tan espectaculares". 

Hace poco más de dos semanas, en la cena de los jueves (esa que se repite cada jueves desde hace muchos, muchos años), tuve por primera vez el libro impreso en mis manos y sentí que el corazón me latía fuerte de emoción, como me late cada vez que tengo el privilegio de leer, escuchar, mirar, sentir, aprender, reír, llorar, beber y seguir admirando y aprendiendo con esta mujer. No hemos festejado, no se ha podido, porque hace dos semanas la vida nos dio un golpe, y con él un vuelco. Carlos, nuestro amigo, su amor, tuvo un accidente y hemos pasado semanas en el hospital clamando por su vida, tratando de entender la nuestra, abrazados como podemos y  sosteniéndonos con fuerza de la esperanza que surge del deseo. 

El deseo y la esperanza de todos, la fuerza de Carlos, el sostén de Hortensia, la medicina y quizá algo más que está más allá de lo que puedo explicar nos regaló hoy la noticia de que Carlos sale del hospital mañana. Vienen meses duros, pero nunca tan duros como las semanas pasadas. Carlos está con nosotros y es tiempo de dar gracias por ello. 

Aún no tengo palabras para entender y mucho menos decir lo que he vivido en estas dos semanas. No tengo palabras e incluso me siento como traicionada por ellas, porque me han dejado sola, porque se han vuelto palabras vacías o mudas, palabras que no dan para transmitir mi historia con Carlos, con Hortensia, con este grupo de locos que nos reunimos cada jueves. Tomo entonces las palabras de Hortensia porque creo que se merece ser nombrada y no posponerla más, y con ellas juego y construyo algo de lo vivido: si, la sustancia de la vida es el peligro, vivir es peligroso, amar es peligroso, dar por hecho es peligroso, no tener nombre para describir los lazos es peligroso, despertar y echar a andar es peligroso, el peligro es la sustancia. Cada día nos jugamos la vida porque eso es la vida.

Hace dos semanas estuve a punto de perder a mi amigo, a mi hermano, a mi padre, a este físico químico necio con el que peleo los jueves, a él que me ha acompañado en las buenas y en las malas año tras año, semana tras semana, al que he acompañado en las buenas y en las malas, año tras años, semana tras semana. Al que me ha enseñado, al que le he enseñado. 

Hace dos semanas mi grupo de los jueves: mi familia, mis amores, mis hermanos, mi gente pues, ha estado viviendo entre la chamba, el dolor, el hospital, la emergencia...el peligro. No sé cómo vamos a salir de todo esto. Se que nos ha tocado y nos ha cambiado. Sé que no soy ni puedo ser la misma que era hace dos semanas. Sé que no podemos ser los mismos y que, como Carlos, hemos perdido algunas palabras y con ellas otras tantas cosas. Sé que soy incapaz de escribir con el alma como lo hago en otros tiempos, supongo es que tengo el alma extraviada o confundida. Pero sé también, hoy lo sé de cierto, que como dice Hortensia la libertad y la igualdad, la vida toda no sería tan espectacular si no tuviéramos amigos. Así es que como Eli y Mónica en la novela, intentando develar los misterios de una casa abandonada se encontraron, yo acompañando a Carlos en terapia intensiva y tratando de entender porqué nos hacía esto la vida, descubrí con claridad la intensidad, la fuerza y el valor de la amistad incondicional, si es que la palabra amistad da para expresar su fondo.

Gracias a los que oraron conmigo y con su amor me acompañaron,
gracias a los que con música y  letras me sostuvieron, 
gracias a los que me hicieron reír con fuerza y con la risa respirar de nuevo,
gracias a mi testigo incondicional, al hombre de letras que espero  me ayude a recuperar las mías,
gracias a Carlos por su fuerza, por vivir,
gracias a Hortensia por la entereza de su amor, por la congruencia de su entrega,
gracias a Eli y Jero, a Gerardo y Made, a Pepe y Bárbara, a Mika y Noé, a David y a Karl, a Angeles y a la Güera, a Lacho, al Güero, a Clau Clau, a Ka, gracias a ti Barry...gracias....gracias a ustedes que son hermanos, familia, amigos...AMOR. 

GRACIAS porque si bien es cierto que me robaron las palabras y no sé cuando vuelvan, también lo es que los tengo a ustedes y que sólo así es posible vivir esta que es Vida en Peligro.

miércoles, 29 de octubre de 2008

miércoles, 22 de octubre de 2008

Cada Una De Tus Cosas Andres Calamaro

MIRADAS, complicidades, noches largas, sueños locos, viajes que vienen, vida vivida, historia que cuesta: que se pelea y se gana. Risas, vino, agua que corre, tiempo que pasa y no se acaba...MIRADAS, si, y el Calamaro que canta.

martes, 21 de octubre de 2008

GRACIAS CLAIRE


Por llevarme a hurtadillas, por ser mi bastón, por abrirme las puertas y con ella los ojos. Gracias por tenerme a tu lado y dejarme abrazarte, por recibir mis lágrimas entre tus brazos. GRACIAS por  llenarlo de flores, tus flores, y con ellas devolverme la luz y recordarme el sentido y el peso que aveces me parece perdido. Gracias amiga, por ser.

jueves, 16 de octubre de 2008

TENER PESO EN LA VIDA...


Desde que recuerdo he buscado con ansias por entre la vida, aquello que me de peso, que me arraigue, que me baje de las nubes o me arrebate esta terrible sensación de "ligereza" o sin sentido que quizá mi paso vacilante, mis piernas poco firmes o mi cuerpo tan pequeño le han imprimido a mi estar en el mundo. He buscado hacerme pesada, adquirir "seriedad" (en un sentido profundo que nada tiene que ver con la presencia o ausencia de una sonrisa o de un chiste bien contado)... he buscado con urgencia peso, un peso que me mantenga en la vida, con vida. Me he llenado de responsabilidades en ese afán. He cuidado a muchos y he luchado con fuerza por mucho. He aprendido a mirar más allá de la "urgente" necesidad que dicta mi ombligo, de mi deseo o de mi pequeño drama personal. He pensado en las mil y una causas justas por las que valdría la pena dar la vida, mi vida. He amado y amo intensamente, entregándome al amor y a la vida aún por encima de los dictados suscritos en los manuales de "buenas costumbres". He sobrevivido al dolor físico y también al que viene de dentro, al que parte el alma. He desarrollado habilidades para escuchar, sostener y acompañar un sin fin de dolores y de ellos he aprendido que el dolor, sin importar sus causas, cuando duele: duele hondo, tan hondo que no hay forma de no prestarle oídos. 

Alguien me dijo un día (y vaya que me calo la frase) que cuando una se rompe para dar vida, no vuelve a ser nunca más la misma. Yo nací rota y sin la posibilidad de dar vida, quizá por ello es que en medio de cada pequeña o gran fractura con la que me encuentro y en la posibilidad de recibir, acompañar, respetar y crecer del y con el dolor, de crecerme al dolor, es que encuentro el sentido.

Algunos dicen que soy densa, otros que cargo demasiado, otros piensan que me arriesgo de más, que me entrego de golpe o que mi desesperanza o desilusión de fondo les duele.  Hay quien dice que exagero, que debería tomarme la vida y los días más a la ligera, que no puedo (o no debo) detenerme en cada lágrima que encuentro, en cada llanto callado que descubro, en cada herida que silenciada me grita, dicen que no puedo sostener el dolor del mundo. A ellos que tanto y tan fácil dicen yo les digo: es sólo que nací pequeña, flaca, de cuerpo frágil y paso vacilante, es sólo que necesito peso para quedarme en la tierra... y cuando uno vino rota: es de la herida de dónde surge la vida. Saber de cierto, mirar y andar desde ahí (aún en contra del andar del mundo) es al mismo tiempo mi bendición y mi maldición.